La Disciplina de los empleados

3 de mayo de 2009

En algún momento, todo administrador tie­ne que tratar con un empleado que se emborracha en el trabajo, o que es insubordi­nado, roba bienes de la compañía, llega constantemente tarde, o tiene problemas similares de comportamiento. Los administradores responderán con acciones disci­plinarias como regaños orales, advertencias por escrito y suspensiones temporales. La investigación sobre la disciplina muestra que el administrador debe actuar de inmediato para corregir el problema, igualar la severidad del castigo con la severi­dad del “delito” y asegurarse de que el empleado vea el vínculo entre el castigo y el comportamiento indeseable. Pero nuestro conocimiento acerca del efecto del cas­tigo sobre el comportamiento indica que el uso de la disciplina tiene sus costos. Puede proporcionar sólo una solución de corto plazo y dar como resultado serios efectos secundarios.

Disciplinar a los empleados por conductas indeseables sólo les dice qué es lo que no deben hacer. No les indica cuáles son los comportamientos alternos que se prefieren. El resultado es que esta forma de castigo frecuentemente conduce sólo a una supresión a corto plazo de la conducta indeseable, y no a su eliminación. El uso continuo de las sanciones, en lugar de un reforzamiento positivo, también tiende a producir un temor condicional al administrador. Como agente que sanciona, el ad­ministrador queda asociado en la mente del empleado con las consecuencias adver­sas. Los empleados responden “escondiéndose” de su jefe. Por tanto, el uso de cas­tigos puede deteriorar las relaciones administrador-empleado.

Es indudable que la popularidad de la disciplina radica en su habilidad de producir resultados rápidos a corto plazo. Se refuerza a los administradores para usar la disciplina porque ésta produce un cambio inmediato en el comportamien­to del empleado. Pero, a largo plazo, cuando se utiliza sin un reforzamiento positivo de comportamientos deseados, es probable que conduzca a la frustración del em­pleado, el temor al administrador, la repetición de los comportamientos que ocasio­nan el problema, y el incremento en el ausentismo y la rotación.

     

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